Santo Domingo.-República Dominicana registra una alta prevalencia en el uso de métodos anticonceptivos y una sostenida disminución de la fecundidad en las últimas décadas, pero aún enfrenta desafíos importantes vinculados a mitos culturales y desigualdades en el acceso.
Así lo reveló la directora ejecutiva de Profamilia, Magaly Caram, al destacar que el país presenta niveles de uso de anticonceptivos comparables con naciones desarrolladas, lo que ha incidido directamente en la reducción de la tasa de fecundidad.
Durante su participación en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, tanto Caram como otros especialistas analizaron los avances y las brechas en salud sexual y reproductiva que inciden en el país.
En ese sentido, Frank Cáceres, asesor demográfico de Profamilia, explicó que, en la década de 1960, las mujeres dominicanas tenían en promedio ocho hijos, mientras que en la actualidad la cifra se sitúa en poco más de dos y podría ser menor cuando se muestren los resultados de la encuesta Enhogar 2025.
Este cambio también ha venido acompañado de una transformación en el calendario reproductivo; es decir, menos embarazos en adolescentes y una mayor postergación de la maternidad hacia edades más avanzadas.
De acuerdo con Cáceres, la participación de adolescentes en la fecundidad total ha disminuido de cerca de un 20 % a finales del siglo pasado a alrededor de un 15 % en los últimos años, mientras aumenta el peso relativo de los nacimientos en mujeres mayores de 30 años.
Además, sostuvo que el descenso en la natalidad ha traído consigo un proceso de envejecimiento poblacional, al pasar de un 3 % de mayores de 65 años en 1960 a cerca de 10 % actualmente.
Persisten mitos
Pese a estos avances, Caram indicó que persisten creencias erróneas que afectan la toma de decisiones.Entre los mitos más comunes, Dolores Rodríguez, gerente sénior de servicios de salud, detalló que figuran la percepción de que la vasectomía afecta la masculinidad o el desempeño sexual, cuando en realidad es un procedimiento seguro que no altera estas funciones.
Rodríguez añadió que se mantienen dudas sobre métodos de larga duración, como el temor a que los dispositivos se desplacen en el cuerpo o causen efectos adversos graves.
Caram citó otro caso frecuente, que es el rechazo a la inyección anticonceptiva trimestral debido a cambios en el patrón menstrual, como la ausencia de menstruación o sangrados leves, lo que genera desconfianza entre las usuarias.
Rodríguez también explicó que la salud reproductiva implica el derecho de decidir si tener hijos y cuántos, mientras que la salud sexual abarca el bienestar físico, emocional y social relacionado con la sexualidad y protección.
Acceso a servicios
Aunque el Estado ofrece servicios de planificación familiar en hospitales públicos, Caram señaló existen limitaciones operativas que dificultan el acceso oportuno.
A esto se suma la realidad de comunidades rurales o zonas de difícil acceso, donde muchas mujeres aún desconocen los métodos anticonceptivos o no pueden acceder fácilmente a ellos.
En tanto que, Profamilia ha desarrollado una red de siete clínicas y un sistema de distribución de anticonceptivos a través de unas 2,600 farmacias, además de unidades móviles que brindan servicios en comunidades vulnerables.
La institución también ofrece consejería gratuita para que las mujeres puedan tomar decisiones informadas sobre su salud reproductiva.
Presupuesto
Actualmente, opera con un presupuesto de 19 millones de dólares y aporte del Gobierno de 30 millones de pesos anuales y mantiene programas de educación, prevención y atención que buscan ampliar el acceso a servicios de calidad.
En materia de violencia de género, han implementado un sistema de tamizaje que ha permitido realizar más de 50,000 evaluaciones a mujeres para detectar situaciones de riesgo.
Claudia Saleta, gerente de incidencia, señaló que el país aún carece de un marco integral que aborde la prevención, atención y educación en torno a la violencia.
Saleta insistió en la necesidad de crear políticas públicas sostenidas que trasciendan los cambios de gobierno.
Falta de estudios tras la pandemia
Uno de los vacíos identificados por Profamilia es la falta de investigaciones sobre el impacto de la pandemia de Covid-19 en la salud y el comportamiento social.
Frank Cáceres, asesor demográfico, advirtió que eventos de estrés colectivo, como las pandemias, suelen generar cambios en la conducta, incluyendo aumento de violencia, alteraciones en la salud mental y modificaciones en patrones epidemiológicos.
Sin embargo, en el país aún no se cuenta con estudios que permitan dimensionar estos efectos ni diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
“No hemos estudiado cuál fue el impacto real de la pandemia en la vida de la gente ni cómo cambió el mapa epidemiológico del país”, afirmó.
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Sobre el autor
Periodista especializada en la fuente de salud. Máster en Comunicación Estratégica y Relaciones Públicas,
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