Cada feminicidio que conmociona tiene una historia previa que pocas veces ocupa los titulares. La psicóloga clínica Andrea Belén, directora del Centro Calma Alma Centro de Psicología Avanzada, indica que antes del desenlace fatal suelen existir meses o incluso años de control, amenazas, manipulación y violencia que mantienen a muchas mujeres atrapadas en relaciones de alto riesgo.
Belén advierte que el principal error es cuestionar por qué una víctima no abandonó a tiempo la relación, cuando la verdadera pregunta debería centrarse en los factores que le impidieron salir. "El feminicidio no suele ser un hecho aislado ni repentino. Generalmente es el desenlace de una historia marcada por el miedo, manipulación emocional y violencia progresiva".
Datos del Ministerio Público indican que en el primer trimestre se registraron 22 feminicidios y más de 17,500 denuncias relacionadas con violencia de género, intrafamiliar y delitos sexuales. Belén señala que muchas víctimas permanecen en estas relaciones por una combinación de factores psicológicos, económicos y sociales como el miedo a represalias, dependencia económica, presencia de hijos, aislamiento, baja autoestima y llamada indefensión aprendida.
La especialista explica que la violencia suele desarrollarse en un ciclo repetitivo: primero, una etapa de tensión, caracterizada por celos, control y humillaciones; luego llega la agresión física, verbal, psicológica o sexual; y finalmente la fase de ‘arrepentimiento’, en la que el agresor promete cambiar y muestra conductas afectuosas. Según Belén, esa llamada ‘luna de miel’ fortalece la esperanza de la víctima y dificulta que rompa definitivamente el vínculo.
Otro aspecto que preocupa a la psicóloga es que muchas señales de alerta continúan siendo minimizadas por el entorno. Belén sostiene que las denuncias deben ir acompañadas de medidas efectivas de protección, seguimiento institucional y apoyo psicológico especializado. Para Andrea Belén, prevenir el feminicidio requiere más que respuestas judiciales, es indispensable fortalecer la educación emocional y promover las relaciones basadas en el respeto.




