En Catia La Mar, municipio Vargas de La Guaira, Venezuela, las familias enfrentan las secuelas de los terremotos del 24 de junio. Entre los escombros, aún se percibe el olor de cuerpos sin recuperar, mientras decenas de carpas improvisadas sirven de refugio temporal para quienes lo perdieron casi todo.

Miles de personas viven en casas de campaña, temerosas de regresar a sus hogares por el riesgo de colapso. La comunidad se reorganiza al aire libre, con acceso limitado a electricidad y agua, sostenida por ayuda humanitaria.

Yesleivic León, una madre de la comunidad, recuerda el pánico durante los sismos y cómo su hija quedó atrapada momentáneamente. Los vecinos iniciaron las labores de rescate, trasladando a los heridos al hospital militar más cercano.

Aracelis Álvarez, otra residente, relata cómo logró salir a tiempo con su nieto, pero perdió todo. Las organizaciones humanitarias han proporcionado carpas y apoyo, aunque al inicio sintieron abandono por parte de las autoridades.

Los terremotos han dejado 2,954 fallecidos y 16,592 heridos, con 57 personas aún desaparecidas. La comunidad sigue recibiendo ayuda internacional y espera más respuestas oficiales.