La República Dominicana ha sido reconocida como un caso de éxito económico en América Latina y el Caribe, con un crecimiento promedio anual del 5.1% entre 2005 y 2025. Este crecimiento ha sido impulsado por sectores como el turismo, las zonas francas y las remesas, consolidando al país como una economía de ingreso medio-alto.
Sin embargo, persisten problemas significativos en la distribución de los beneficios económicos. El 10% más rico concentra el 30% de los ingresos, mientras que el 50% más pobre recibe solo el 22%. Aunque ha habido mejoras en la desigualdad de ingresos, estas se deben principalmente al empleo y las remesas, más que a políticas fiscales redistributivas.
El mercado laboral dominicano presenta una dualidad entre un sector formal con bajos salarios y un amplio sector informal sin acceso a derechos laborales. Esta estructura limita la movilidad social y la mejora de las condiciones de vida de gran parte de la población.
Para reducir la desigualdad, se requiere una reforma fiscal progresiva, mayor inversión pública y social, generación de empleos de calidad y un sistema de seguridad social universal. El desafío es transformar el crecimiento económico en bienestar compartido para todos los dominicanos.




