La administración de Donald Trump busca reorientar la Organización de los Estados Americanos (OEA) hacia temas económicos, dejando de lado la defensa de la democracia y los derechos humanos. Esta reestructuración ha provocado la salida de varios diplomáticos estadounidenses de alto nivel y ha reabierto el debate sobre la utilidad del organismo.

Durante la 56 Asamblea General de la OEA en Panamá, se reveló que parte de la cúpula de la misión estadounidense había renunciado o sido apartada tras desacuerdos con el embajador Leandro Rizzuto Jr. Rizzuto pretende enfocar las prioridades de la OEA en asuntos económicos y comerciales, en línea con la visión escéptica de Trump hacia las instituciones multilaterales.

Estados Unidos, que aporta alrededor del 30% del presupuesto de la OEA, ha propuesto una reducción drástica del apoyo a organismos multilaterales para 2027. La organización, ahora encabezada por el diplomático surinamés Albert Ramdin, enfrenta cuestionamientos internos y la necesidad de redefinir su estructura y prioridades.

La OEA continúa desplegando misiones electorales y promoviendo programas regionales, pero enfrenta críticas sobre su capacidad para influir en los acontecimientos políticos del continente. La crisis actual plantea una disputa sobre la identidad misma de la principal institución política del hemisferio.