Johanna Amarante vivió una etapa de su vida marcada por la enfermedad renal, que la obligaba a someterse a sesiones de diálisis y limitaba sus sueños y aspiraciones. Sin embargo, hace 14 años, su vida dio un giro cuando recibió un trasplante de riñón de un donante fallecido, gracias a la decisión altruista de una familia. Desde entonces, Johanna ha podido completar su carrera universitaria, formar una familia y desarrollarse profesionalmente en la República Dominicana.
Amarante destaca la importancia del programa dominicano de trasplantes y la necesidad de sensibilizar a la sociedad sobre la donación de órganos. Actualmente, las donaciones de órganos en el país han disminuido, lo que preocupa a las autoridades del Instituto Nacional de Coordinación de Trasplante (INCORT). El miedo y la desinformación son las principales barreras que enfrentan las familias al momento de decidir sobre la donación.
Johanna aboga por una "alfabetización en donación" para educar a la población sobre el impacto positivo de estas decisiones. Su historia es un testimonio de esperanza y gratitud hacia quienes hacen posible que otros recuperen sus sueños y calidad de vida a través de un trasplante.




