Las ciudades sostenibles no solo buscan reducir la huella de carbono y aumentar la vegetación, sino también mejorar la salud emocional de sus habitantes. Según la arquitecta Heidi González Pimentel, es crucial ampliar el concepto de sostenibilidad urbana para incluir la salud mental colectiva.
González Pimentel, experta en neuroarquitectura, sostiene que las ciudades emocionalmente sanas regulan el estrés y mejoran la convivencia. Factores como el tráfico, la presencia de naturaleza y el ritmo urbano impactan directamente en el sistema nervioso de las personas.
Las estrategias sostenibles, como la movilidad eficiente y la reducción del ruido, transforman la experiencia cotidiana y disminuyen el estrés. La vegetación urbana no solo decora, sino que regula emocionalmente, contribuyendo a reducir la ansiedad y mejorar la atención.
Una ciudad sostenible propone un cambio de ritmo, permitiendo a sus habitantes vivir el presente sin la presión de la prisa y el desorden.




