El estado costero de La Guaira, al norte de Caracas, ha sido severamente afectado por dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5. Caraballeda, una de las áreas más prósperas en los años 90, ahora presenta una imagen desoladora tras el desastre. El campo de golf, símbolo de la opulencia pasada, se ha transformado en un centro de emergencia, con un hospital improvisado y áreas de aterrizaje para helicópteros que transportan ayuda humanitaria.

El ministro del Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, confirmó que Caraballeda es una de las zonas más afectadas, con al menos 1,430 muertos y miles de damnificados. Equipos de rescate internacionales han llegado para apoyar las labores de búsqueda, aunque la magnitud de la tragedia supera los recursos disponibles. La sociedad civil ha jugado un papel crucial, movilizándose para asistir a los afectados con alimentos, agua y apoyo en las tareas de rescate.

La situación en Caraballeda es crítica, con miles de personas atrapadas bajo los escombros y una estimación de 50,000 desaparecidos según la ONU. Las calles están llenas de escombros y el ambiente es sofocante, con un olor persistente que obliga a los habitantes a portar mascarillas. A pesar de la devastación, la comunidad se mantiene unida en su esfuerzo por encontrar a los desaparecidos y reconstruir sus vidas.