La reciente propuesta de reforma fiscal del Gobierno dominicano se presenta en un contexto internacional adverso, caracterizado por el encarecimiento del petróleo y sus efectos inflacionarios. Sin embargo, el diseño de estas medidas refleja más una estrategia de administración de crisis que un intento genuino de transformación estructural. La reforma proyecta recaudar entre RD$40 mil y RD$50 mil millones adicionales, una cifra limitada frente a los desafíos fiscales acumulados, y estos recursos se encuentran prácticamente comprometidos de antemano.
La reforma evita tocar los pilares más sensibles del sistema tributario, como el ITBIS y las exenciones fiscales, lo que sugiere que el objetivo principal es sostener el actual esquema de gasto en medio de presiones externas. Aunque se incorporan elementos de progresividad, como una sobretasa temporal a grandes empresas, su alcance es reducido y afecta a una fracción mínima de contribuyentes. La decisión de no intervenir el impuesto al consumo perpetúa el peso relativo de los tributos indirectos sobre los hogares de menores ingresos.
Las medidas presentadas como avances corresponden, en muchos casos, a la corrección de distorsiones preexistentes, como la eliminación del anticipo para microempresas. Esto refuerza la idea de que la reforma no transforma el sistema, sino que lo normaliza parcialmente. En el ámbito del gasto, el Gobierno plantea un esfuerzo de racionalización, pero el peso creciente de los subsidios energéticos y sociales limita cualquier intento de consolidación fiscal profunda.
En perspectiva histórica, la reforma actual reproduce un patrón conocido de ajustes graduales y de corto alcance destinados a cerrar brechas temporales de financiamiento. La ausencia de una discusión integral sobre el sistema de exenciones y la progresividad tributaria revela los límites políticos de la reforma. En definitiva, la reforma propuesta cumple una función de ganar tiempo, pero posterga el problema de fondo, manteniendo intactas las tensiones distributivas del sistema fiscal dominicano.




